

Situado en el incomparable entorno natural del concejo o municipio de Belmonte de Miranda, el moderno HOTEL LAS CRUCES, de ambiente familiar con vistas al río Pigüeña, se
encuentra cercano al Parque Nacional de Somiedo, donde se pueden
observar aún ejemplares de oso pardo y otras especies en peligro de
extinción, y al salmonero río Narcea.
Les invitamos a conocer nuestro concejo, nuestro entorno natural, y por supuesto, nuestro hotel.
El hotel
El Hotel Las Cruces es un moderno edificio en pleno centro de Belmonte de Miranda (capital del concejo), junto al Ayuntamiento.
Equipado
con 20 habitaciones, posee amplias zonas comunes, servicio de
habitaciones, y una amplia cafetería en la que podrán disfrutar de
salón TV, juegos de mesa, etc.
Las habitaciones de nuestro hotel están perfectamente equipadas para que Vd. y los suyos disfruten de su estancia.
Todas
las habitaciones son exteriores, muy luminosas y están equipadas con
baño completo, TV, teléfono, conexiones a Internet de Banda Ancha
(ADSL) caja fuerte, minibar, hijo musical, zona de estar y cafetería.
Al lado de la piscina municipal.
Entre nuestras habitaciones destacamos nuestras 2 suites, que se distinguen del resto por sus espacios aún más amplios, divididas en 2 zonas, una zona de estar con escritorio, sofá, etc... y otra zona que sería equivalente en espacio y equipamiento a una habitación completa.
También disponemos de garaje para nuestros clientes.
Les
invitamos a conocer nuestro hotel, rodeado de un ambiente tranquilo,
ríos cristalinos y fauna autóctona en plena naturaleza y acompañado de
la mejor gastronomía típica de la zona.
Actividades al aire libre
Área Recreativa de Vigonzález
Caza y pesca
Entorno
El
concejo integra, junto al de Somiedo, la comarca de Pigueña. Belmonte
de Miranda está limitado al norte con Salas, al este con Grado, al sur
con Somiedo y Teverga y al oeste con Tineo. Los principales núcleos de
población por orden de habitantes son: Belmonte (su capital),
Selviella, Villaverde, San Bartolóme, Boinas, Castañedo y San Cristóbal.
La
belleza de su ecosistema ha obligado a las autoridades a ampliar los
límites del Parque Natural de Somiedo a las tierras limítrofes del
concejo de Belmonte. Su secular aislamiento permitió que llegara hasta
nosotros con una importante masa arbórea, en la que dominan las
especies forestales autóctonas: bosques de robles, de espinares, de
castaños, etc. Por encima de los 800 metros abundan las zarzas,
helechos, habitando diversas alimañas como lobos, zorros, tejones,
corzos, jabalíes y algún oso.
Dentro de su fauna piscícola, el
rey es el salmón en los numerosos cotos que hay en el Narcea. En el río
Pigueña y sus afluentes sigue habiendo salmones, pero la especie
predominante es la trucha. Esta recuperación ambiental es debida a toda
la política de repoblación de los ríos del concejo.
Son escasas
las noticias sobre los primeros pobladores que habitaron estas tierras,
pero se tiene constancia de la existencia de una necrópolis en Balbona,
aunque no se encontraron restos de ajuares. El hallazgo más importante
es la aparición de un ídolo en Llamos, aunque sin contexto
arqueológico, y es difícil su datación, únicamente comparándolos con
otros similares que se podrían datar en la Edad de Bronce.
Su
cultura castreña tiene pocos restos, identificándose en el pico Cervera
un castro que quizá sea una antigua torre romana. Sí hay muchos restos
romanos, tal vez debido a toda la explotación aurífera llevada a cabo
en esta zona. Hay una calzada romana que unía Asturias con la Meseta:
fue anteriormente una vía natural, ya utilizada por los astures. Esta
vía fue él más importante cruce de culturas, por ahí pasaron: centurias
romanas, huestes árabes, peregrinación jacobea, etc.
Resulta
complicado fechar históricamente el nombre de Miranda al de Belmonte;
apareció en la Edad Media como un territorio que más o menos podría
estar en esta zona. La historia de este concejo está unida a la
construcción de un monasterio, La Villa Lapideum, fundado por la reina
Velasquita, esposa del rey Bermudo II de León, que reunió en una sola
propiedad varias dispersas. Bermudo III permutó esta propiedad con los
condes Pelayo Froilaz e Idontio Ordoniz por otra de éstos que estaba
en Galicia. Dichos condes fundaron un monasterio, pero sus
descendientes disgregaron el patrimonio, que más tarde sus herederos lo
aumentarían y simultáneamente el rey Alfonso VII lo puso bajo su
protección, acrecentando aún más su patrimonio y consolidándolo como
señorío territorial y jurisdiccional. De este monasterio de Lapedo no
queda piedra alguna. Determinó la historia del concejo y su predominio
sobre el resto de monasterios de la zona.
En los actuales
territorios estaban las tierras de Miranda Alta y Miranda Baja y, entre
ambos, el coto abacial de Santa María de Lapedo; luego había dos
jurisdicciones, la primera con capital en Selviella y el segundo el de
Lapedo, donde había un pequeño poblado que se llamaba Belmonte. Las
gentes que estaban en las tierras monásticas vivían bajo una férrea
jurisdicción de los abades, mientras que los de Miranda, tenían
representantes propios en la Junta General del Principado. En 1827 el
coto pasa a ser por decreto agregado al concejo de Miranda, al ser la
villa de Belmonte más importante y estar mejor situada, estableciéndose
en ella la cabeza del partido judicial.
La historia de este
concejo permanece unida al monasterio hasta el siglo XIX, monopolizando
los monjes no sólo tierras sino también sojuzgando a sus habitantes,
dándose el caso de que sus colonos no podían contraer matrimonio sin el
permiso de los abades. Esta férrea actitud se acabó, con el decreto de
la Desamortización de Mendizábal, que hizo que la revancha de los
campesinos fuera rápida y se apresuraran a no dejar piedra sobre piedra
del convento de Lapedo.
En aquellas circunstancias muy pocas
familias eran libres y las que lo eran pertenecían a la nobleza
secundaria. El mayor colectivo lo constituían los vaqueiros de alzada,
a quienes los propietarios cedían la explotación de pastos y rebaños,
que fueron ascendiendo progresivamente a la condición de propietarios
de rebaños, más que de tierras, sobre todo porque los pastos
adquirieron propiedad comunal, al subir todos a los mismos pastos de la
montaña.
La historia de este concejo siempre ha sido ganadera,
si se destaca como paréntesis la construcción por Hidroeléctrica del
Cantábrico del Salto de Miranda, que dio al concejo una época de
bonanza, recordada como "la época de las obras", ya que fue tal la
cantidad de puestos de trabajo, más de 1.800, que llegaron de todas
partes de Asturias.
Su historia artística está unida hasta el
siglo XIX al monasterio cisterciense de Santa María de Lapedo, el cual
fue enriquecido a lo largo de los siglos por monarcas y particulares,
siendo uno de los más poderosos de todo el Principado de Asturias. Con
la Desamortización de Mendizábal, su estructura fue destrozada
rápidamente, quizás por el odio de la gente del lugar, debido a la
opresión de los monjes sobre la zona. Del monasterio sólo quedan tres
leones. El pintor F. J. Parcerisa realizó una litografía del claustro,
que era espacioso y de orden toscano, con pórtico bajo, galería alta y
abierto a todos los rayos del sol. El ayuntamiento de Belmonte de
Miranda utilizó los materiales procedentes del monasterio para
construir obras civiles.
La villa de Belmonte celebra la fiesta
de San Antonio, o el día de la Gira, que es último domingo de agosto.
Otras fiestas del concejo que se destacan son: la de San Fructuoso, que
se celebra en Agüero el mes de julio; la de San Julián, el 7 de enero
en la misma localidad; la romería campestre de La Corredoria, el primer
domingo de septiembre, y los Dolores, el tercer fin de semana de
septiembre.
La gastronomía, como en el resto de Asturias, es rica y variada, sobre todo en productos cárnicos y sus derivados. Una de las especialidades más características es el sollumbu a la manteiga. También constituye parte de ella los platos condimentados con carnes procedentes de la abundante caza (corzos, rebecos, jabalíes) y también los de la pesca (truchas, salmones y reos). Su repostería casera es muy variada y bastante similar a la de sus vecinos concejos: natillas, flanes, tartas, arroz con leche...